El descapotable de Milikito y el Opel Corsa camuflado by Alf

No me gustan los coches, nunca me han gustado: me mareo en ellos hasta conduciendo en carreteras cerradas porque voy agobiado dentro encerrado. A lo largo de mi vida me han prestado coches potentes y deportivos, y yo mismo he tenido alguno, sólo para tener la sensación de que sólo valen para pegar acelerones, hasta que alcanzas a alguien, porque en cuanto te encuentras a otro delante, cosa muy normal a no ser que vivas en el Gobi, Siberia, Alaska, el Sahara o Groenlandia (que mejor te compras otro aparato más apropiado como un dromedario o una moto de nieve), vas al mismo ritmo que la mamá/furgoneta/camión/vejete, sólo que más bastante incómodo que ellos en tu deportivo bajito. No paras de pensar que en la moto habrías pasado ya hace media hora.

Además, el coche deportivo no vale ni para follar. Muuuuucho mejor un Panda, que al final vas al mismo ritmo que en el deportivo, cabe la compra si quieres y se hace cama si llega el momento. Y no te lo iban a robar, rayar y daba lo mismo aparcarlo en un huerto o dejarlo abierto.

Sí, bueno, se supone que si tienes deportivo tienes sitio para lo otro. Bueno, no siempre es así.

Pero un descapotable es otro mundo respecto a un coche normal: la sensación del viento en la cara, cosa que no conocen las nuevas generaciones por la obligatoriedad de llevar casco, es mejor que cuando iba con mi Vespa, porque al ir deprisa no veías nada y además te tragabas alguna mosca si ibas charlando con la de atrás. Y para follar no sirve la Vespa, claro.

Recuerdo aquel anuncio famoso del Golf: “el secador de pelo más caro del mundo: Golf Cabriolet”. De jovencito sólo me gustaba algunos con 2 farillos que había en el taller de mi padre a veces y que parecían antiguos. “Deben ser baratos porque son canijos”, pensaba en mi ignorancia.

Cuando mis padres me plantearon que si dejaba las motos me compraban un coche, descubrí que lo que me gustaban eran los MG B al ver los ojos que se salían de las órbitas de mi padre cuando expliqué cuál era exactamente el coche que quería. Así que seguí con las motos y el Seat 124 de mi abuelo que, al menos, para follar, era mejor que el MG B.

Y toda mi renta, las clases particulares y demás, se iban en mantener mis motos, pues la débil economía de un universitario no daba para coches bonitos. Teniendo el 124 sólo añoraba mejor calefacción en el descampado metido en faena, porque soltaba un tufo a gasolina… Además, solo usaba el coche para éso y la moto para todo lo demás. ¿Qué más me daba?

Caí en comprarme un coche en cuanto empecé a trabajar. Además, el pobre 124 murió. No me compré un coche nuevo, que tanto no me gusta una lata con ruedas, pero algo decentillo y serio, que trabajaba en una de las entonces Big Five de las auditorías.

Además en Madrid un descapotable es un asco: entre la contaminación, los atascos, el frío del invierno, la torradera del verano y los simpáticos habitantes que te rajan la capota si lo aparcas en la calle, pues no es plan. Pero en Canarias, el paraíso en la tierra, o cerca, es otra cosa.

RENAULT 4 Latas CabrioCutre

Llevaba unos añitos ya en Canarias (4 exactamente) y ya había descubierto que necesitas un coche, porque hacer la compra en Carrefour en moto es un poco incómodo (una vez se me cayeron las naranjas por la carretera), pero ya llegaba el momento del añorado descapotable.

No iba a deshacerme del coche principal porque iba bien y para ir a la empresa era necesario, dando imagen a la peña de que eres un tipo serio (¡hay que ver lo que hace llevar traje y corbata!). Los descapotables son caros, no nos engañemos. Y teniendo en cuenta que de facto no ando en la lata demasiado, pues no acababa de dar el paso.

Hasta que apareció un descapotable para ir a la playa a precio de derribo: un R4 modificado por un francés que lo tenían por aquí de alquiler y lo vendían. No sé qué película me monté en mi cabeza con este cacharro que ahora me parece el coche de Miliki totalmente. ¿Una película tipo “vigilantes de la playa” donde iba por la arena con un buggy y Pamela Anderson al lado? (recuerda que era 1.998, Pamela estaba cañón). La realidad es que eso sería en Fuerteventura, porque en Tenerife no puedes ir por una playa en coche… y éste coche en concreto dudo que pueda meterse por ninguna playa excepto el primer metro para quedarse atascado… cosas de las fantasías de uno.

Lo cierto era que el coche parecía de broma: la carrocería era de fibra. Y tenía puertas y techo de lona, con cristales de plástico, que se unían con cremalleras. Sí, muy seguro el trasto en caso de choque. Las ventanillas de las lonas que hacían de puerta (¡hasta tenían cerradura!) tenían ventanillas de plástico. Pena que no tengo fotos de él con los cachivaches puestos, porque es de antología: imaginad a unos niños con unas toallas y cuerdas jugando a que van en coche. Pues igualito.

Nota: la foto la he encontrado en internet. Al final leeréis la otra nota, que es de antología lo que he encontrado.

¡Qué decir del cacharro!: para empezar, que era un R4. O sea, lento como una babosa, sobre todo en alguna cuestecilla de autopista donde hasta los camiones te daban luces. ¡Terrible!. Acelerabas a tope, que parecía que el motor quería salirse del capó, del ruido tremebundo que invadía todo, llegabas a 60 km/h cuesta arriba, metías la siguiente marcha… y si te descuidabas la gravedad tenía más potencia que el motor y te ibas marcha atrás. Te daban luces hasta los camiones de plátanos en las cuestas, que aquí son museos andantes porque tienen como 100 años.

Imaginad uno de éstos cargado así hasta los topes de plátanos. Los he visto circulando

Tan terribles prestaciones llevaron a que abusando de él (ir a más de 50 en autovía, p.ej.) se fuese la junta de culata enseguida.

¿Radio?… no recuerdo ni si llevaba: con el ruido que había dentro debía dar igual tenerla encendida o apagada. Imagino que si la llevas encendida el coche anda menos aún.

Pero es que era aún peor: si hacía frío (que en Canarias en invierno lo mismo bajamos a 16ºC, ¡un suplicio, jajajaj!) y le ponías las lonas que hacían de puertas y techo, la resistencia del viento disminuía aún más las prestaciones. ¡Y éso que el huracán se colaba por todas partes!. Además de que te envenenabas con el tufo que salía del motor a gasolina y a aceite. Con lluvia no lo llegué a probar, porque donde vivo llueve 10 días al año si acaso, pero imagino que sería tan estanco como el Titanic después del encuentro con el iceberg.

¡Vaya cascajo!. Hoy día seguro que son buscados por algún tarado porque a un francés memo le dió por construir un cagarro encima de una basura de coche encontrado en un desguace, fijo. Pienso que es difícil que nadie haya tenido un coche peor que éste. Lo vendí en cuatro perras y me deshice rápidamente de él. Quitándome por un tiempo además las ganas del descapotable.

NOTA: a la hora de terminar este artículo me pongo a buscar y resulta que es un Renault 4 Frog Spyder, (¿rana araña?: ¿las prestaciones de una araña y la pringosidad de una rana?) y sí, hay tarados que tienen trastos de éstos. El más barato que he visto, ¡¡¡¡¡¡8.000 euros!!!!!!. Casi como pujar por unos gayumbos sudados de Brad Pitt, imagino que hay tarados que lo hacen. ¡Tremendo!

 

OPEL TIGRA 1.4i 1.998

Por vicisitudes de la vida acabé con este coche que me sigue pareciendo la mar de bonito. “pero… ¡no es descapotable!” – diréis. Claro, correcto. Pero como el coche es enano y tenía techo solar, éste ocupaba casi todo el techo y al descorrerse era casi igual a un descapotable. Un Targa, vamos.

Realmente el coche es un Opel Corsa camuflado, de los gorditos bolita, con otra carrocería. Y de ahí todo lo bueno de este coche: robusto, andaba bien… por aquí por Canarias siguen rodando corsas de ésos hoy día, porque había cientos en alquiler que luego se vendieron.

El coche era cómodo para mi 1.80. Y tenía cuatro plazas y todo, aunque los ocupantes traseros iban bastante apretujados. Pero podía llevar a 4 adultos, cosa que su sucesor más moderno no. Y un coche biplaza es un poco absurdo a mi entender. De ahí las ventas nulas del Tigra moderno, imagino.

Bonito, el enorme portón trasero se levantaba y al echar los asientos posteriores hacia delante quedaba un enorme maletero. Tan enorme y tan pequeño el coche que la ventanilla derecha se abría automáticamente al cerrar el portón, y luego, portón cerrado, subía, para que la presión de aire que generaba el portón al cerrarlo no reventase los cristales del coche.

Andaba y aceleraba un montón porque era canijo y pesaba poco. La suspensión no era ninguna maravilla, y yendo rápido de verdad le faltaba tarado hidráulico. Pero como a cualquier coche moderno medio por encima de 160-180, la verdad, no más. En curvas subiendo andaba suficiente y, sobre todo, al retirar ese enorme techo en relación al coche y bajar las ventanillas la sensación era de un cabrio.

De hecho, no me planteo un coche nunca más que al menos no tenga techo solar. Es útil abierto del todo o dejada una rendija si dejas el coche al sol para que no se caliente. Entras en el coche, menos caliente por la rendija que uno normal, lo abres y se está dentro bien enseguida, regulando la temperatura interior respecto a la exterior mucho mejor que bajando ventanillas. ¡Una maravilla!.

Le hacía todo el mantenimiento, que por otra parte se limitaba a bujías, aceite y filtro, no dando un problema jamás. Bueno, ruedas y demás, aparte, claro.

La cagué montando un filtro directo con toma de aire totalmente poligonero: el coche perdiá bajos y cuando subía a la montaña se ahogaba. Sonaba bien la admisión, pero en un coche es absurdo que haga ruido dentro porque no oyes la música.

Menos mal que guardaba la caja de filtro original y la reinstalé rápidamente colocando esa cosa “tunning” en el sitio perfecto: el contenedor de la basura.

Sólo hay un dato importantísimo en este coche que es necesario mencionar: cada 25.000 km le cambiaba completo el refrigerante y le limpiaba radiador. Si no, en estos Tigra se hacía barro (sí, sí, los he visto) y te quedabas sin motor porque rompían todos: el circuito de refrigeración, cuestiones de diseño, era de menos capacidad que el de un Corsa, así que su perfecto funcionamiento era necesario para asegurar la vida del motor.

Decir que lo seguí viendo un montón de años después de venderlo con unos 130.000 km., penosamente cada vez más descuidado y hecho polvo. Una vez me acerqué a la que debía ser su propietaria con intención de hacerle una oferta por el coche y recuperarlo. Pero de lo amargada, quejosa y malencarada que era la tipa se me quitaron las ganas. Cómo estaba el coche era el reflejo de la propietaria, fijo.

Hasta que en el mes de agosto de éste 2.020 lo vi pasar perfectamente cuidado y pintado nuevecito y brillante por la autopista. Y era él, en su color amarillo y con su techo semilevantado… y vi la matrícula, claro. Así que mis saludos desde aquí a quien lo tenga y que sepa que me ha dado una alegría, porque el coche me rindió buenos servicios y disfrute. Quizá el mejor coche que he tenido. Espero que quien sea lo disfrute tanto como yo.

¡Ah!, y se folla un poco apretado dentro. Acabamos en el capó 😉

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2 comments on “Renault 4 Frog Spyder Opel Tigra 1.4i”

  1. Coches Curiosos Responder

    Joder debe de estar bien eso de follar 🤣 Será algo que se hará en Canarias JAJAJAJA

    Muy curioso el 4 Latas buggy, supongo que mejor alquilado que comprado. Y el Tigra siempre me ha parecido bonito. Está bien saber lo del refrigerante por si algún día surge la oportunidad, el Corsa pelotilla es un coche mítico y su versión “descapo” le da ese toque especial

  2. Javier Responder

    Tu coche es un fiat panda 100 hp con techo solar.. sirve para hacer curvas y divertirse y es práctico para el día a día… (bueno la dirección es rápida y para aparcar … )y las suspensiones son muy duras pero yo al mío se lo perdono…🤣

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